¿Te vas a fiar de lo que escriba en este post sin cuestionar desde la primera a la última línea?. Mal haces, que a lo peor te tomo el pelo queriendo, sin querer o sin ser consciente de que lo hago e incluso de lo que hago.

Las bibliotecas están llenas de mentiras. En un mundo en que el conocimiento técnico y científico avanza a una velocidad de vértigo, lo que ayer era verdad puede que hoy ya solo lo sea a medias y que mañana se descubra que se trababa de un error. Y después están las mentiras intencionadamente escritas.

En las cosas del comer pasa lo mismo, y hubo un tiempo en que el pescado azul o el aceite de oliva eran reputados cómo malos, malísimos, y hoy parecen ser una bendición. Mañana ya veremos.

Pero volvamos con las mentiras. Las bibliotecas están llenas de mentiras a pesar de que en el proceso de edición y publicación de un libro intervienen muchas manos ajenas al autor del texto con capacidad muchas veces para encontrar la verdad. Así que en un medio cómo internet, en el que cada uno de nosotros es autor y editor, la cosa se multiplica inevitablemente. Bueno, lo de llamar “autor” a muchos de los que publican en internet es un eufemismo, ya que muchos no son más que copistas, un trabajo que tuvo su razón de ser en la Edad Media, razón que desapareció con el invento de la imprenta. Otros no hacen más que lo que en una biblioteca se llamaría “revisión bibliográfica”, con la única diferencia de que en este caso se citan las fuentes de la información con todo tipo de detalle y en internet lo más habitual es que se oculten para mayor gloria propia.

Así que de todo lo que leo en internet yo me fío de unos pocos autores cuya trayectoria conozco y me ofrecen total fiabilidad. Son tan pocos que se cuentan con los dedos de una oreja y pocos más. Del resto, pongo en tela de juicio dos palabras de cada par escrito.

La cosa se complica cuándo aparecen anuncios como el de la foto (llegué a él a través de Twitter gracias a @nafuente). Se buscan críticos de restaurantes que escriban desde su casa. Se ofrecen 50 céntimos por crítica de 50 palabras y no se piden estudios ni experiencia de ningún tipo. Ya hay casi 500 candidatos para cinco puestos y empiezo a sospechar que yo no voy a estar entre los seleccionados y por lo tanto no podré contar las cosas más en detalle.

La cosa no es exclusiva de los medios digitales. La irresponsabilidad parece que está tomando posiciones en los periódicos en papel. Hoy mismo leía en el periódico Galicia Hoxe un artículo sobre el pescado y el verano. Un artículo firmado con nombre y apellidos en lo referido al texto. Sobre el origen de las fotos decía: internet. Se ve que el becario o redactor, el jefe de la sección y el redactor jefe de turno no saben que también en internet hay fotos amparadas por los derechos de autor.