Reconozco que cuándo lo vi la primera impresión fue a poner cara de espanto. ¡A quien se le ocurre fabricar en Galicia “tinto de verano”, un producto típicamente madrileño! ¡Y a quien se le ocurre vestir de lunares sevillanos a una bebida fabricada en Chantada y llamarle Lerele!.

Era inevitable un post sobre el asunto. Pero primero había que dejar reposar la cosa. Y con el reposo llegué a la conclusión de que si en Galicia se puede fabricar cerveza, ponerle el nombre del país en la etiqueta y sentirnos orgullosos de su calidad, por qué no hacer otras cosas que, además, parecen claramente dirigidas a la exportación hacia otras tierras de la península y no al consumo gallego. Y finalmente llegué a la conclusión de que si hay un hueco en el mercado para el tinto de verano en lata, pues hace muy bien Hijos de Rivera, que fabrica esa cerveza de la que tan orgullosos estamos los gallegos, de poner en el mercado un nuevo producto, que seguramente ayudará a que la empresa siga en manos gallegas y con capital exclusivamente español. Y solo quedan en España dos cerveceras que no hayan caído en manos de las multinacionales: Hijos de Rivera y la firma zaragozana que fabrica la Ámbar.

Yo no voy a consumir Lerele, como no voy a consumir ningún otro tinto de verano envasado, porque si me apetece esta bebida no tengo más que prepararla a mi gusto. Pero tampoco consumo los calamares de Pescanova porque me gustan los calamares fritos pero no el rebozado, ni las anguriñas de la misma marca ni tantas otras cosas que hoy se producen en Galicia, y tienen gran éxito en el mercado, sin ser propias del país ni inventadas aquí.

A mí el nombre del Lerele y los lunares de su vestido siguen poniéndome carne de gallina, pero supongo que será cosa de acostumbrarse… lo mismo que a la ë de Citroën, de la que tantos gallegos viven.

Foto:www.laopinioncoruna.es

Esto de hacer dos rutas de tapas diarias (mediodía y noche) acaba con cualquiera y no voy a ser yo menos. Llevo alrededor de 70 tapas en cuatro días y ya me van entrando ganas de que el reloj acelere un poco su ritmo para poder comer una sopita caliente el próximo sábado, si es que llego allá con alientos y 109 tapas encima.

Cada día me convenzo más de que el nivel medio de las tapas presentadas a concurso en el Santiago(é)Tapas de este año es sensiblemente superior al del año pasado, en el que ya fue bueno. Y al mismo tiempo me da la sensación de que la distancia entre las mejores y las menos buenas se reduce de manera considerable, no porque las mejores hayan perdido calidad sino por que el tope inferior subió de forma notable.

Lo que algunos aun no parecen entender es que cuándo pido una bebida y una tapa espero que la segunda venga poco después de la primera y no 20, 30 o 40 minutos más tarde porque lo que le entran a uno son ganas de anular el pedido, marcharse y no volver más. El enfado se reduce si cuando llega la tapa esta es una maravilla, como me sucedió el pasado lunes.

Creo yo que cinco o diez minutos son tiempo más que suficiente ¿y tu que opinas?

Foto: www.santiagoetapas.com “Fusión marrocogalaica de mexillóns”

Actualidad

    sígueme en Twitter

    © 2007 Colineta | Curved 3-Columnas por Felix Ker & JustSkins.| Traducido por Trazos Web & Arquitectura