La venta a granel es lo más bonito que hay. Frente a las estanterías del supermercado, en el que se suceden las etiquetas, yo prefiero los ultramarinos de antaño, de los que ya no quedan, donde se sucedían los sacos de garbanzos, lentejas, azúcar, harina… Frente a las bolsa de plástico serigrafiadas con la marca del hiper, yo prefiero los viejos cartuchos de papel en el que los tenderos servían sus géneros. Recuerdo, incluso, las máquinas expendedoras de aceite a granel. La gravedad permitía llenar las botellas, aunque para vencer previamente la misma gravedad había que accionar la bomba que elevaba el líquido, bomba que se movía a brazo. Dale para la derecha, dale para la izquierda, y el líquido amarillo o verdoso iba llenando el recipiente graduado que permitía medir el aceite dispensado.

En los reportajes sobre paraísos alejados aún se puede ver la venta a granel. Y resultan especialmente deliciosos los mercados de especias por su colorido.

Entre nosotros es un tipo de comercio en franca decadencia, reducido a los productos frescos de la plaza de abastos y poco más.

Así que no me extraña el éxito mediático que está teniendo esa máquina dispensadora de leche a granel que instalaron en no sé que lugar de Navarra y de Cataluña. Una contradicción absurda comprar leche al parecer de primera calidad y únicamente pasteurizada en una máquina emplazada en un lugar público y que, por lo que vi en la televisión, cualquiera puede manipular. Basta abrir una puertecita para acceder al grifo por la que sale la leche y en la que cualquiera puede depositar lo que le de la gana. Me parece que el sistema quiebra toda la seguridad que debe haber alrededor de la leche fresca y en caso problemas no va a haber a quien reclamar, ya que siempre será fácil para la empresa aducir que la contaminación bacteriana, por poner un caso posible, venía en el envase en el que el cliente metió la leche.

Ni loco compro yo leche a granel en dicha máquina. Prefiero seguir con la leche pasteurizada de Leyma o con la leche cruda de O Alle. Eso sí es un lujo.