Tienen los vinos gallegos fama de ácidos y ciertamente acidez no les falta, pero esa es, justo, una de las cualidades que los hacen singulares y apreciados.

La acidez se contrarresta con dulzura, y ahí está la prueba de los refrescos de cola, con un grado de acidez muy superior al de un yogur, pero que nos saben dulce por la cantidad de azúcar o edulcorantes que llevan.

No voy a proponer yo la adición de azúcar al vino gallego, pero lo cierto es que en los últimos tiempos bodegas y consejos reguladores gallegos están trabajando en la búsqueda de vinos dulces, naturalmente dulces, elaborados en Galicia.

El éxito del tostado del Ribeiro no es ajeno a lo que está a punto de convertirse en moda. Durante décadas el tostado fue más un mito que una realidad, que se encontraba al alcance de pocos, muy pocos privilegiados. En la Cooperativa Vitivinícola del Ribeiro tomaron la iniciativa de devolver ese viejo vino gallego al mercado y, aunque siga siendo un producto minoritario, ya son dos las bodegas que tienen el tostado en el mercado, mientras otras trabajan en el mismo proyecto o en otros semejantes.

En el Ribeiro, los blogastrónomos gallegos tuvimos ocasión de probar el vino elaborado con uva helada en Casal de Armán. No era más que un experimento, pero por algo se empieza.

En la misma línea de vinos dulces elaborados con uva helada trabaja la bodega Mar de Frades, en Rías Baixas.

Sobre los trabajos que desarrolla el consejo regulador de Valdeorras tanto para la elaboración de tostados como de vinos dulces hechos de uva helada ya hablamos anteriormente en Colineta.

Y ahora le llega el turno a Monterrei, donde trabajan en la elaboración de vinos semejantes a los de Oporto, cortando la fermentación para conservar azúcar residual y encabezando con aguardiente vínico. El próximo domingo, en Arroz con Chícharos (Cadena SER Galicia) hablaremos sobre el asunto con el presidente del consejo regulador de la D.O. Monterrei, Antonio Anxel Méndez Atanes