Ando estos días enfrascado en la lectura de dos libros sobre la pesca en los ríos gallegos, que tendré que comentar en el próximo número de Protexta, y descubro que tanto la sangre de la anguila como la de la lamprea son tóxicas. Tranquilos todos los amantes de la lamprea a la bordelesa. La toxicidad de ambas sangres desaparece al cocinarla, así que el único riesgo estaría en su consumo en crudo, que me parece bastante improbable. Uno es desconfiado y busca información en otras fuentes, que confirman la toxicidad, aunque en ningún caso hablan de los posibles efectos de su ingesta.
Y mientras aguardo el inicio de la presentación del libro Natura, de Albert Adriá, del que ya hablé aquí, fotografío en la compostelana Rúa do Vilar la imagen de un hombre que lucha, y parece que domina, con lo que bien podría ser una anguila, un congrio o una lamprea. Pero rápido caigo en que solo puede ser una anguila, ya que tanto el congrio como la lamprea no tienen escamas, y el animal del capitel compostelano sí.
De esas anguilas ya no se ven por Galicia adelante. Congrios de meter miedo sí quedan. Como lo de la foto, que se presentó en la ponencia del Forum de Girona de Pepe Solla, Xosé Cannas y Jorge Pérez (de la cofradía de Aldán-Hío), según el cual andaría por los 10 kilos de peso. Para mí admiración Jorge me habló de congrios de 40 kilos pescados en Aldán en otros tiempos






