Mi particular parque de atracciones en el Forum Gastronómico de Girona estaba en el stand de Koppert Crees B.V., una empresa holandesa dedicada a la producción de hierbas para la cocina. Cada vez que pasaba por delante paraba a probar algo, y confieso que alguna que no tenía disculpa para pasar cerca fui a posta a probar aquellas curiosidades.
Llamó especialmente mi atención la hoja de ostra, hojas de una planta escocesa que saben a ostra. No es que recuerden el sabor de las ostras, es que hay ostras que no saben tanto a ostra como estas hojas. En definitiva, ostras vegetales.
Pero la verdadera sensación para mí fue el botón de sechuan. Sabía que se trataba de un producto muy curioso pero nunca lo había probado, así que no dudé en meter uno en la boca y masticarlo convintemente. Cuando terminé la prueba le dije a la encargada del stand que deberían grabar en video las caras de todos los que probaban aquella flor, que seguro sería para partirse de la risa.
La primera sensación que produce el botón de sechuan es la de tener la boca inundada de zumo de pomelo chino, cuando en realidad la tenemos llena de saliva. De primeras sabe, ya digo, a pomelo chino, pero la salivación instantánea que produce es impresionante, tanto que mi dentista ya tomó nota de la flor para intentar aplicarla al tratamiento de los pacientes con problemas de boca seca.
La sensación cítrica del primero momento se transforma por unos segundos en sensación picante para a continuación convertirse en una sensación eléctrica. Yo dije que me recordaba a cuando de niños tocábamos con la punta de la lengua los dos polos de aquellas viejas pilas de petaca que llevábamos en las linternas (entonces una linterna era uno de los juguetes más apreciados entre mis amigos).
Así que me pongo a escribir sobre la experiencia y a buscar algo más de información sobre el botón de sechúan. Lo primero que encuentro es a Marcelo Tejedor diciendo que el botón le causó la sensación de estar chupando pilas. No sé si Marcelo tendría también una linterna de pequeño.
Poco a poco la sensación eléctrica va desapareciendo de la boca. Por suerte no tengo en casa botón de sechuan, porque me temo que causen adición. Es cómo aquella montaña rusa de Busch Gardens, en Tampa (Florida), que cuando caías a plomo mirabas allá en el fondo unos enormes cocodrilos… vivitos y coleando. Y yo quería subir mil veces más





