El mundo del pescado vive malos tiempos, y muy especialmente en este mes de febrero que ya finaliza. Parte del problema lo explican alto y claro las vendedoras de la plaza: “En febrero todo el mundo quiere laconadas”. Efectivamente la cosa es así, pero fuera de Galicia esa costumbre desaparece y la demanda de pescado no sufre tal distorsión.
Así que La Voz de Galicia informa de que algunos pescados bajaron hasta un 50 por ciento en los mercados coruñeses. No quiero pensar como andará la cosa por las lonjas, donde esa bajada tuvo que ser muy superior.
Otra pescantina dice que la culpa es de los pescadores, que capturan más de lo que demanda el mercado. Y algo de razón tiene porque efectivamente una buena parte de la flota gallega no es capaz aún de autorregular sus capturas con criterios económicos. Pero no son todos. Ejemplos pueden encontrarse, y muchos, de cofradías que reducen las capturas máximas autorizadas para no saturar el mercado, y solo llegan al máximo en épocas de gran demanda, como puede ser la Navidad o el verano. Es el caso de los buzos de Aldán que andan a la navaja.
De lo que no se habla casi nunca es de los intermediarios. Algunos hacen su trabajo y se llevan por eso una parte del valor del pescado. Pero otros no son más que puros especuladores que compran en una lonja, cargan el pescado en un camión y lo van a vender a otra donde saben que sacarán mejores precios. En este caso la información es poder, poder económico.
Y a veces sucede que esos especuladores son los que deciden sobre el trabajo de los marineros, cuando avisan de que “mañana no voy a comprar tal pescado o marisco”. Y el profesional del mar se queda en casa y no lleva una perra chica al bolsillo porque sabe que no va a vender lo que capture ese día ya que el especulador se va a preocupar de que nadie lo compre.
Pero poco a poco los hombres del mar se van agrupando y con el empuje de unos pocos comienzan a autorregular su trabajo y a entrar en el mundo de la comercialización. Ya hablé de los que reducen capturas diarias para no saturar el mercado, pero tal vez el gran ejemplo que tenemos hoy en el país es Lonxanet, que vía internet lleva el pescado directamente de la lonja a su casa. En el capital de Lonxanet están representadas varias cofradías gallegas y una parte de los beneficios se dedican a impulsar avances en el mundo de la pesca.
También hay que destacar iniciativas con marcas de calidad como Pulpo de las Rías, que identifica todo el pulpo captura de forma artesanal y en aguas gallegas por la flota de Bueu (Pontevedra). O los percebiños de Baiona, que antes solo servían para estropear el mercado y ahora se venden en lata, y con gran éxito fuera de Galicia, como se pudo ver en el Forum Gastronómico de Girona o antes en el Forum del Mar de Cambrils (Tarragona). A la lata no van los buenos percebes de Baiona, sino los pequeños, los muy largos y los que no tienen la textura de los mejores. Antes se vendían en lonja a precios de saldo y eso repercutía a la baja sobre los de buena calidad, que los especuladores entienden más de precio que de calidad.
Como consumidor puede parecernos interesante que los precios bajen. Pero si a los economistas les preocupa que la reducción de la inflación se convierta en deflación y cause una catástrofe mayor que la que ya tenemos encima, a los consumidores debe preocuparnos la posibilidad de que los hombres del mar abandonen su oficio ante la falta de rentabilidad, y la calidad de los pescados y mariscos de nuestras costas se vea sustituida por la de esos otros que vienen de miles de kilómetros de distancia y, a pesar de los costes de transporte, siguen siendo baratos. Por algo será.


La Enxebre Xuntanza do Percebe celebra el 20 de febrero de 2009 la 




