Tres hurras por el Presidente de la Diputación de Lugo, Ramón Gómez Besteiro, que decidió transformar en regalo institucional algunos de los productos propios de la provincia para deleite de sus convidados.
Muchos organismos oficiales tienen por costumbre entregar un regalo representativo a sus visitantes ilustres y otro no tanto (en mi salón anda un San Froilán, hecho en Sargadelos, regalo del llorado Luís Cordeiro). Los libros de exaltación de la labor hecha por esa misma institución son habituales, así como pins, cerámicas y muchos otros objetos frecuentemente inútiles y de inmediato arrinconados por sus perceptores, que con toda seguridad no van a hacer lo mismo cuando visiten,a partir de ahora, la Diputación lucense.
Veo en El Correo Gallego que el llamado “lote común” se compone de queso de San Simón da Costa (Vilalba), dos botellas de vino de Amandi (Sober), aguardiente de Portomarín, aceite de oliva de Quiroga, fabas de Lourenzá, salchichón de A Fonsagrada, un tarro de bonito de Celeiro, tarta de Mondoñedo, melindres de Sarria, castañas en almíbar de Chantada, miel y bombones de Lugo, tarta de maíz de Guitiriz y rosquillas de Monforte.
Pues no está mal la cosa, aunque echo a faltar algunas cosas importantes, como la miel de O Valadouro, el más premiado de Galicia, o las galletas mariñeiras de Daveiga que tanto éxito están cosechando. Tampoco estaría mal que de vez en cuando la tarta de Mondoñedo se substituyese por el Antonxo do Mariscal o la colineta que pienso siguen haciendo las monjas de Viveiro y Ribadeo. La rosca de almendra de Vilalba tampoco desentonaría en el lote o la tarta caurelá de castañas. En temporada unos pimientos de Mougán, unas lechugas de Mondoñedo, le darían color a la cesta. Inexcusable la ausencia de un botillo o de una androlla.
Obligatoriamente, por imperativo de la cadena de frío, tienen que quedar fuera los capones de Vilalba (ahora hay todo el año el capón de cinco meses), las tartas de Fonsagrada, la merluza de Celeiro, el bonito de Burela y tantas otras cosas buenas de Lugo