La firma coruñesa de patatas fritas Bonilla recibió el premio a la mejor pyme agroalimentaria gallega otorgada por el gigante de los hipermercados Carrefour. Porto Muíños también fue premiada como empresa más innovadora. No es precisamente la empresa francesa la que más me emociona, pero esta vez no me queda más que aplaudir su elección.

Hace tiempo una amiga calificaba las tiendas y supermercado en buenos, malos y regulares según tuvieran en su oferta cerveza Estrella Galicia y patatas Bonilla, no ofrecieran ninguna de las dos marcas o solo tuvieran una de ellas.

Bonilla es todo un ejemplo dentro del sector de las patatas fritas, con un producto de gran calidad elaborado exclusivamente con patatas de primera, aceite de oliva y sal (también hay patatas sin sal). El precio es muy ligeramente superior a los productos de las grandes del sector (Matutano y demás) pero esos céntimos de diferencia se pagan con gusto. En Galicia no hay mejores patatas fritas (chips, de bolsa) que las Bonilla.

Pero en la ciudad de A Coruña lo que hace famosa a Bonilla son sus churros. La empresa, familiar, tiene por la ciudad varios establecimientos, cafeterías, donde la estrella son los desayunos y meriendas con churros de la casa. Ciertamente muy buenos.

Por lo que respeta a Porto Muíños, pocos son los que no hayan oído hablar de este “gurú de las algas” como lo califica el mismo Ferrán Adria. Si hoy las algas son un producto presente en prácticamente todas las cocinas de los mejores restaurantes de España es a causa del trabajo de Antonio Muíños, un hombre que comenzó comercializando setas y descubrió el potencial productivo de las costas gallegas en materia de algas. Muiños es un hombre sorprendente, que un día está sobre el escenario de cualquiera de los grandes congresos gastronómicos que tienen lugar en España explicando las propiedades de las algas a los grandes cocineros del país y al siguiente se enfunda en el traje de neopreno para bucear en las profundidades de las aguas gallegas en busca de nuevos tesoros.

Muíños ya está en la historia de nuestra gastronomía, pero conociendo su carácter inquieto aun le queda mucho mundo que descubrir… y descubrirnos.