El “polbo á feira” se convierte en fair-style octopus en el Pequeño diccionario de la gastronomía gallega editado por la Xunta de Galicia
Ayer encontré en una cafetería de Santiago de Compostela el Pequeño diccionario de la gastronomía gallega que no hace mucho presentaba la Xunta de Galicia y, naturalmente, me hice con un ejemplar que miré de inmediato, mientras en el televisor del local la selección española de baloncesto se enfrentaba a la de China.

Tengo que agradecer a los autores que uno de los tres libros recomendados en la misma sea de mi autoría, pero el agradecimiento no supone que vaya a dejar de criticar un Diccionario con muchos errores y algunos de ellos ciertamente importantes.

Así que encontramos, por lo menos dos veces, lumbrigante traducido al castellano como lubrigante, cuando debería traducirse por bogavante. El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española incluye el termino lubigante cómo sinónimo de bogavante, pero sin la letra “r”. Y en absoluto desuso.

En el apartado del caldo gallego se traduce unto por tocino, cuando nada tienen que ver uno con el otro. Y los roxóns se convierten en tocino frito cuando el castellano tiene una palabra específica (chicharrones) aparte de que el tocino frito son torresmos en gallego y torreznos en castellano. Y los roxóns no son, evidentemente, tocino frito.

Una costeleta es en castellano una costilleta o chuleta. Y una grella en castellano es parrilla, pero la costeleta á grella se convierte en chuletón a la plancha.

Otros errores están en la composición del cocido gallego (lacón, chorizo, repollo, ternera, gallina, patatas y legumbres… ¿y la cabeza, oreja, rabo, espinazo, uñas, donde las metemos?, en la preparación de los pimientos de Padrón (se preparan de una forma muy sencilla, con aceite de oliva y sal… olvidaron decir que el aceite de oliva es para freírlos).

Hay más, pero aquí queda la cosa. En definitiva, una buena idea regularmente resuelta.