Crónica de una comida en el restaurante Domus, de A Coruña, en compañía de algunos miembros de la Asociación Galega de Catadores

Con motivo de la inauguración del IV Salón de Vinos y Aguardientes de Galicia tuve la oportunidad de participar en una comida con algunos de los miembros de la Asociación Galega de Catadores e invitados entre los que se encontraba el presidente de la denominación de origen Bierzo. Si no fuera porque el único que tiró de cámara fotográfica durante toda la comida fui yo, aquello bien podía parecer una reunión más de los blogastrónomos gallegos (minutos antes de salir para la comida me encontré en el recinto del Salón con Foucellas y familia, en visita de inspección previa a otra más profesional, sin gente menuda).

La comida tuvo lugar en el restaurante Domus, que regenta Eduardo Pardo, que ese día se encontraba ausente ya que asistía a la boda de su hermano pequeño, el único de la familia que no tiene oficio gastronómico, ya que Eduardo es hijo de Ana Gago y Eduardo Pardo, cocinera y maitre de Casa Pardo. Curiosamente, el mismo día, pero en la provincia de Pontevedra, también andaba de boda Beatriz Sotelo, Cocinera del Año, de A Estación. Era su propia boda.

Para quien no conozca el Domus, diré que está emplazado en el edificio en que se encuentra uno de los más afamados museos científicos coruñeses, La Casa del Hombre, la Domus, un proyecto del arquitecto japonés Arata Isozaki, que diseñó una enorme vela de pizarra que mira al mar del Orzán, como hacen todas las mesas del restaurante, de manera que uno come contemplando un fantástico paisaje marítimo-urbano.

Después de un aperitivo en el que destacaba la empanada comenzamos con una espléndida vieira al horno con crema fina de patata y vinagreta de Módena. Y cuando digo espléndida no es solo por lo estupendo del plato, sino por el enorme tamaño de la pieza.

A continuación llegó a la mesa una merluza del pincho en salsa verde con berberechos y navajas. Por lo menos eso era lo que anunciaba el menú que todos los comensales teníamos impreso. Pero la salsa verde no era la habitual con mucho perejil, sino una salsa con un interesante punto de pimentón de la Vera y unos guisantes que justificaban la denominación. Muy bien tanto la merluza como los berberechos, abiertos sin más, y las navajas, muy tiernas.

Los aperitivos y primeros platos se acompañaron con blancos gallegos: Coto de Gomariz (D.O. Ribeiro) y Valtea (D.O. Rías Baixas). Hubo algo de coña con Xosé Lois Sebio, de Coto de Gomariz, que se sentaba casi frente a mí, y mucha fiesta cuando el Gomariz se acabó, justo en el momento en que servía la carne, con la que nos ofrecieron un tinto Joaquín Rebolledo Barrica (D.O. Valdeorras).

El plato de carne fue una carrillera de ternera gallega con patatas panadera y pimientos del piquillo. Absolutamente tiernas y melosas las carrilleras, pero sorprendentemente seco su exterior. Le di muchas vueltas y sigo sin entender el porque de tal sequedad. No se trata de la costra que la plancha caliente cría sobre la carne. Me fastidió bastante, ya que el interior estaba perfecto.

Como sobremesa un vasito de tres chocolates “Tres texturas” absolutamente impresionante y una estupenda créme brûlée con brocheta de frutas y helado de frambuesa.

Terminamos con un espantoso café de boda y un chupito de licor café que nos quitó la mala impresión de la boca. No pregunten por el precio, que iba convidado.