Hace días que tenía pendiente hablar de cómo combatir el picante de los pimientos de Padrón cuando ya están en la boca y poco hay que hacer, aunque en realidad yo buscaba propuestas de los lectores, ya que de momento no probé en mis carnes ningún método ciertamente eficaz.
Las pocas respuestas de los lectores (dos) me dan la idea de que todos andamos en las mismas: no sabemos que hacer. Los lectores, a los que agradezco la colaboración, proponen comer miga de pan, mucha miga de pan, para aplacar el picor. Seguramente tienen razón. Vamos a ver.

Para medir el picor de los pimientos y clasificarlos en función del mismo existe la escala Scoville, creada en 1912 por Willbur Scoville.

Según dicha escala de picor, el primer puesto está ocupado por la capsaicina pura, con entre 15 y 16 millones de “unidades Scoville”. Recordemos que es la capsaicina la responsable de que piquen los pimientos.

El pimiento más picante, según dicha escala, sería el Bhut Jolokia, que puede llegar a un millón de unidades Scoville. Debe ser el demonio, ya que, según esta escala, pica unas 125 veces más que el tabasco, por poner un picante que todos conocemos.

Parece ser que la capsaicina no es soluble en agua, lo que explica que cuándo nos picamos por mucha agua que bebamos no conseguimos nada. Pero leo cómo es el método de Scoville y cuentan que consiste en poner extracto del pimiento que se quiere analizar en agua con azúcar. En función de la cantidad de azúcar, llega un momento en que los catadores no tienen sensación de picor. El grado de disolución del extracto permite medir la concentración de capsaicina.

Recordemos que se trata de una prueba ideada en 1912 y que la tecnología actual seguramente tiene pruebas más fiables y precisas, pero el método de Scoville me lleva a pensar que el método más eficaz para combatir el ardor cuando nos picamos con un pimiento es tomar azúcar. El pedazo de pan que proponen los lectores contiene azúcares.