Tenía yo ganas de pillar unos buenos grelos de Lugo para hacer un “caldiño” pero sometiendo a uno de ellos a una disección previa que muestro en las fotografías adjuntas.

Tanto la primera como la tercera foto muestran un grelo a pesar de que el aspecto es bien diferente porque en el último caso faltan las nabizas.

El asunto es complejo. Cualquier labrador gallego que cultive nabos le llama grelo tanto en un caso como en el otro, de lo que tenemos que deducir que el grelo es un conjunto de grelo más nabizas. El grelo es el tallo del que va a salir la flor y del que salen los pedúnculos de las nabizas, pero también el conjunto de uno y otras.

Así que en la primera foto se ve el grelo con todas sus nabizas, en la segunda ya separé las nabizas más grandes y en la tercera solo queda el grelo, ya pelado, con la flor que todavía no abrió y está verde por completo.

Es fácil comprobar como el grelo y los pedúnculos de las nabizas son completamente diferentes. La sección del primero es circular, con una parte exterior algo fibrosa que conviene pelar. La sección del pedúnculo de las nabizas tiene forma de media luna, cóncavo-convexa.

En otra foto muestro la sección de tres grelos en diferentes estados de evolución. Solo el de la izquierda es aprovechable, ya que los otros dos quedarían tremendamente fibrosos. Si al dar un corte transversal al grelo aparece ese punto blanco central que se ve en la foto del medio se dice que el grelo “está ido al palo”. Se puede ir cortando hacia flor hasta que desaparece lo blanco. Lo que nos quede se puede echar en la olla sin problemas. En el tercer caso el interior del grelo es hueco, todo fibra, inservible.

Los grelos de las fotos fueron cultivados en Lagoa (Alfoz) por un paisano que cada sábado lleva una pequeña muestra de los productos de su huerta al mercado de Ferreira do Valadouro. Son de la variedad de Lugo, que le da mil vueltas a la de Santiago, y acabaron en un caldo fastuoso, que diría Joaquín Merino.