Vaya, parece que el Dosidicum gigas, más conocido cómo “potón del Pacífico” y “pota gigante” me persigue cada final de marzo. Por suerte es en las estanterías de los supermercados donde nos encontramos, que si llega a ser en el mar habría que cerrar el blog del susto que iba a llevarme.

Resulta que hace dos años escribía sobre el animalito exactamente el 29 de marzo (de 2006) y hoy, sin buscarlo aposta, vuelvo sobre el mismo asunto porque haciendo la compra encontré lo que viene en la fotografía: “Tacos (estilo pulpo) salsa gallega”. Además “fabricado en Galicia” aunque Dani sea una empresa domiciliada en Vilassar de Mar (Barcelona). El registro sanitario que aparece en la caja es ES 12.10662/C, así que busco y encuentro que corresponde a Conservas Carnota, emplazada en la localidad del mismo nombre. Quede claro que esta empresa gallega finaliza su trabajo cuando el producto está dentro de la lata. La caja de cartón es cuestión de Dani.

Cuando escribo estas líneas aun no abrí la lata y no sé lo que me aguarda dentro de ella. Y no la abrí aún con toda la intención del mundo porque quiero hablar primero de lo que se ve en la foto: pulpo “la que sí”. La foto induce a pensar que se trata de pulpo, en la etiqueta aparece la palabra “pulpo”, pero en ningún sitio se nos indica que es otra cosa. Hay que mirar el lateral de la lata, donde en letra bien pequeña, en tinta azul oscuro sobre fondo azul claro se nos dice que el contenido es… ¡CALAMAR!. Vuelvo sobre la foto para decir que yo pienso que no es pulpo: las ventosas son muy pequeñas y tienen una forma extraña. Seguramente será potón.

Como yo sé que el calamar común es Loligo vulgaris decido buscar a ver que demonios es eso de Dosidicus gigas que tanto me suena y me doy de narices con el potón de hace dos años.

(Disculpen la interrupción. Paro unos minutos para abrir la lata, probar lo que hay dentro y hacer unas fotos. Vuelvo en unos minutos, así que mientras “les recomendamos nuestro servicio de bar”).

Ya estoy de vuelta. Lo que hay dentro de la lata no lo voy a enseñar para no estropear la emoción de la foto de la caja, ya que en un mar de aceite colorado hay trozos de muy diversos tamaños que parecen pulpo exteriormente, pero no tienen ventosas sino una especie de botoncitos del tamaño de cabezas de alfiler.

Pruebo el producto y encuentro lo mismo que se encuentra en todas las latas de conservas de calamares, pulpo, etc., presentes en un supermercado local: un producto duro, de sabor incierto, correoso, fibroso y con presencia de algunos fragmentos de algo duro, como arena, incrustaciones calcáreas o algo parecido. En definitiva, un bodrio.

Así que llego a la conclusión de que los fabricantes piensan que somos tontos por completo, cosa de la que no tengo ninguna duda en el caso de ciertos consumidores capaces de tragar con todo lo que le pongan por delante, callando cuando no les gusta.

Lo que ya me jode es el uso de la frase “Fabricado en Galicia”. En el mundo de la alimentación Galicia es una marca de calidad de primera en el resto de España, pero mientras no se regule su uso seguirán poniéndola en este tipo de productos, que solo sirven para restarle una parte de su credibilidad.

La lata, que declara 168 gramos de producto escurrido cuesta 1,40 euros, es decir 8,3 euros el kilo.