Hace poco leí algo sobre las típicas torrijas de Semana Santa y me entró el antojo de cocinar unas chulas de pan (en A Mariña le llamamos simplemente “chulas”, yo añado “de pan” para distinguirlas de otras que se hacen por el país adelante, como las de “calacú”, también conocido cómo calabaza, que preparan por la zona de Pontevedra.
Las chulas de pan son como las torrijas… pero de diseño. Ya veréis.
Para un total de 18 chulas yo empleé 150 gramos de pan viejo, seis huevos de los más gordos (más de 70 gramos cada uno), cincuenta gramos de azúcar y una pizca de sal (imprescindible en los dulces). Además un litro de leche, un palo de canela y otros 100 gramos de azúcar.

Comenzamos picando el pan. Yo empleo la picadora, pero se puede hacer también a cuchillo. Se trata de obtener un pan picadillo en trozos pequeños, como se ve en la foto, pero no convertido en harina.
Una vez picado, se añaden los huevos batidos como para tortilla, el azúcar (50 gramos son dos cucharadas colmadas), la pizca de sal y se remueve bien hasta obtener una masa como la de la foto. Se deja reposar unos diez minutos para que el pan se empape de huevo.
Mientras se prepara una sartén con aceite de girasol en la que vamos a freír las chulas. Y en el otro fuego ponemos una olla con el litro de leche, el palo de canela y los 100 gramos restantes de
azúcar (en este caso cuatro cucharadas colmadas).
En cuanto el aceite está caliente, se va friendo la masa a cuharadas. No hay que poner cucharadas muy llenas, ya que las chulas hinchan en el aceite. Conforme están doradas se van incorporando a la olla donde está la leche, que ya debe estar hirviendo, y bajar el fuego de esta olla al mínimo. Fritas todas las chulas e incorporadas a la leche, se dejan un minuto más a la lumbre y se retiran. (Hoy las fui sacando para un plato ya que quería enseñarlas todas juntas).
Las chulas se pueden comer calientes, tibias, del tiempo y hasta frías de la nevera, al gusto de cada uno.
Como decía al inicio, las chulas son
como torrijas de diseño. Solo que en este caso el diseño es popular, ya que la receta corresponde a la cocina popular y tradicional de A Mariña de Lugo. Nacerían como una chuchería de fiesta realizada con lo que había en la casa: pan duro y huevos. Seguro que no siempre llevaron azúcar y posiblemente en alguna ocasión se usó la miel para endulzarlas.

