Don Merlín no fue capaz de arreglar la princesita inglesa de cristal que se rompiera y que llegó hasta Miranda de la mano del también inglés Maestro Flute, tal como nos cuenta Álvaro Cunqueiro en su primera novela, Merlín y familia y otras historias, con cincuenta años recién cumplidos.
Para la cena, a Maestro Flute “la señora Marcelina le puso delante, en la tabla del escaño, una enfaragullada de harina de trigo con torreznos y una jarra de vino de San Fiz…” cuenta Cunqueiro. Ya no se hacen enfaragulladas en las casas donde en tiempos fue plato propio de cenas y meriendas, reduciéndose después a postre para acabar desapareciendo de nuestros usos y costumbres habituales. Seguramente aún quedan casas en las que de vez en cuando se cocinan las enfaragulladas o faragulladas, pero reducidas a meros testigos del pasado.
Por eso me satisface especialmente la iniciativa de una asociación de A Pontenova, en la tierra de Miranda, que en el pasado mes de agosto, y por segundo año consecutivo, organizó la fiesta de la Faragullada, en la que se pudieron comer los faragullos acompañados de miel, azúcar, chorizos y torreznos. Todo un acierto dedicar un día a la recuperación de una memoria culinaria que estamos perdiendo día tras día.
En A Pontenova cocinan los faragullos mezclando agua, leche, harina de trigo del país, huevos de casa y sal. La masa se fríe en sartenes de hierro trabajándola con la espumadera para que quede en trozos lo más pequeños posibles, en faragullos. Después cada uno les pone el acompañamiento que más le guste.
Tradicionalmente se freían unos trozos de tocino en la sartén antes de echar en la misma la masa de los faragullos. Cunqueiro gustaba de este plato acompañado de miel del país: “Y lo que mas sabe de los faragullos es el encontrar en el bocado escondido un torreznito, que pone en la boca, al lado de la miel, un punto de salado” decía.
Para arreglar unos faragullos necesitamos un huevo batido por persona, mezclado con cuatro cucharadas de harina de trigo del país, sal y agua y leche, a partes iguales, que se necesite para obtener una masa espesa. Se pone algo de aceite en la sartén y se fríen unos trozos de panceta, echando a continuación la masa de los faragullos y a remover continuamente, partiendo la masa lo más posible, hasta que los faragullos estén dorados. En seguida se echan en una fuente, se añade miel y se sirven de inmediato.

