Necesitamos otra vez aceite. Una cucharada por un lado y aceite abundante para freír por otro. Sobre la calidad del aceite remitimos al lector a lo dicho cuando me tratábamos de los ingredientes para freír un huevo.
De nuevo aparece la sal, una vez más como ingrediente accesorio, que cada uno deberá emplear en función de su gusto y de su conciencia.
TÉCNICA SEGUNDA.
Suponemos que ya está el huevo frito y reservado en un plato, así que no vamos a volver sobre ese asunto.
Ponemos una cazuela pequeña a la lumbre con una cucharada de aceite. Cuando esté caliente, agregamos la harina y revolvemos bien, dejando que la harina se fría un poco. Conseguiremos una masa dura que se separa de la sartén.
Agregar la leche revolviendo la mezcla sin parar, a fuego lento, hasta conseguir una masa uniforme y sin grumos.
Retirar la sartén del fuego y volcar esta masa o bechamel en un pato hondo. Cuando esté tibia, cubrir el huevo frito con la misma. De inmediato se pasa este huevo cubierto de bechamel por otro huevo batido y por pan rallado y se fríe en aceite abundante y bien caliente hasta que quede dorado.
Servir inmediatamente con el acompañamiento que más le guste la cada uno y…
¡Que aproveche!
(Fin del cursillo)





