La fotografía es de una postal remitida en abril de 1925 desde Ribadavia a una empresa sevillana pidiendo presupuesto de termómetros y columna de mercurio para rectificadores de alcoholes.
En la etiqueta de la botella se puede leer, en la franja roja inferior, que el concesionario exclusivo para la venta en España y el extranjero es José Uzal García. También en la parte superior de la etiqueta aparece la palabra Uzal entre las palabras marca y registrada.
Resulta interesante ver como la postal sirve para publicitar no solo riveiro blanco y tinto, sino también el tostado.
En una consulta rápida, encuentro varias referencias a José Uzal García en periódicos de la época, tanto en Vigo como en Santiago. Parece que no solo comerciaba con vinos, sino también con seguros y era corredor de bolsa.
Tener un hermano metido en el mundo de la filatelia da a veces estas sorpresas. Gracias Fran.
Isaac Díaz Pardo murióelo 5 de enero de 2011, en el mismo día que Ramón María del Valle Inclán (5 de enero de 1936) y ya reposan muy cerca en el cementerio compostelano de Boisaca.
Isaac era un hombre sencillo y, por lo que se, austero y no muy dado a los placeres culinarios. Dejó una impresionante obra intelectual, artística e industrial, entre la que aquí debo destacar la creación de la factoría de Sargadelos, de la que salieron tantas vajillas que se atesoran en las casas gallegas y del resto de España.
La fotografía que acompaña a este recuerdo es la de una botella de “Amadeus” de la cosecha de 1994, ilustrada por Díaz Pardo.
Amadeus era un vino elaborado con uvas de la variedad treixadura por la Cooperativa do Ribeiro, que durante varios anos consecutivos ilustró este vino con obras de los más destacados pintores e ilustradores gallegos.
La marca desapareció por problemas con su nombre, problemas que vinieron de Bruselas. La Cooperativa substituyó el Amadeus por la actual “Colección Costeira”, pero abandonaron aquella bonita costumbre de las botellas serigrafiadas.
Poco a poco iré mostrando otras que guardo con mucho cariño.

La del 22 de diciembre fue una noche llena de prodigios que la emoción del momento nos impidió apreciar. Ando ahora buscando sombras por las fotos publicadas porque, sin duda, el maestro Cunqueiro estuvo cerca de nosotros en alguno de los momentos de la ruta gastro-literario con que celebramos su centenario.
En sus tiempos mozos, de estudiante universitario en Compostela (Prefiero Mondoñedo y Compostela a todo, escribió en su autobiografía de 1935), Cunqueiro fue perseguidor de sombras por los rincones de Santiago y un día en las Platerías vio pasar la de Don Gaiferos de Mormaltán, según cuenta su íntimo amigo Francisco Fernández del Riego. Y conociendo tan bien las sombras santiaguesas, seguro que él mismo fue ayer una de ellas.
También se manifestaron los seres del inframundo, demonios transmutados en músico insolente y maleducado. Cunqueiro escribió mucho sobre demonios que toman formas humanas, de animales y cosas, incluso de uno que se metió en el cuerpo de una monja el día que ella comió lechuga. Y les pone nombre y cuenta su historia legendaria, pero no recuerdo ninguno que fuera músico, igual este es una novedad.
Los prodigios se multiplicaron en nuestras tazas, marcadas todas con el número 22, como la que Cunqueiro empleaba, de joven, en el Padre Benito e incluso un mal vino nos supo bien y allí donde fuimos a beber y comer nos trataron con cariño aunque la entrada por la puerta de una tropa de más de treinta sedientos y hambrientos pueda asustar al tabernero más bregado.
Disfrutamos de la poesía y la prosa de Cunqueiro. Hubo risas ante las historias fantásticas del escritor y un momento especialmente emocionante cuando, en la Acibechería, descubrimos que Hylas, la cretense que llamamos Eco, se deja escuchar en Compostela: ?…bajando por la azabachería, cabe el arco que llaman del Arzobispo, se oye la voz de Eco como en ningún otro lugar del mundo”.
Al mismo tiempo que Compostela, homenajearon a Cunqueiro con la cunca en la mano las ciudades de lAa Coruña, Lugo y Tui y muchas otras gentes en sus blogs, en las redes sociales y en sus corazones. Hoy en el cielo de los escritores gastronómicos seguro que más de uno envidia a nuestro paisano, aunque se echaran de menos las voces de los que no fueron capaces de sacrificar un minuto del día para pronunciar el nombre del mindoniense, que andará en compañía de sus amigos gallegos (Jorge Víctor Sueiro, Picadillo, Julio Camba, Emilia Pardo Bazán) y no gallegos (Josep Pla, Néstor Luján, Xavier y Eugenio Domingo, Simone Ortega) y el acabado de llegar Joaquín Merino, al que le estarán mostrando las cocinas del lugar.

Veintidós de diciembre. Para la mayor parte de los ciudadanos de este país el día de la lotería de Navidad y, por extensión, el de la salud para los que tienen que conformarse con seguir como estaban, que son casi todos.
Pero también para muchos hoy es el día de recordar al inmortal escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro, que tal día como hoy, hace cien años, respiraba por primera vez los aires de aquel Mondoñedo rico en pan, aguas y latín, como años más tarde él mismo lo definiría. Nada se sabe de sus primeros llantos infantiles, pero a buen seguro que fueron requintados y fantasiosos.
Pasó el tiempo y Cunqueiro recorrió el país entero y se ve que en todas partes fue absorbiendo influencias que después llevaría a una obra al tiempo universal y profundamente gallega.
Allá por 1935, con 24 años, escribió, manuscrita, una pequeña autobiografía en la que cuenta que de niño tenía pasión por los caballos y los encajes y que era poco xogantín, mentiroso y contemplativo. Y también que con ocho años ya había leído a Julio Verne y Los miserables, de Víctor Hugo, mostrando desde muy niño la voracidad lectora que lo acompañó toda la vida.
Con el bachillerato comenzaron sus viajes por el país, y fue Lugo la ciudad en la que pasó su adolescencia. Cuenta Cunqueiro que allí comenzó a hablar gallego habitualmente y escribió una novela de aventuras con Buffalo Bill, él mismo, Napoleón y otros personajes. “Los personajes hablaban en gallego y las cosas pasaban en castellano” escribe.
En Lugo se puso en leer libro, periódicos, revistas “sin tasa, sin orden, sin concierto posible“. Y después de hablar de los cazadores de su familia declara que le gustaría ser “cazador e intérprete“.
En 1928 llega a Santiago para estudiar Filosofía y Letras, carrera que nunca terminaría, y asegura que le tira la pintura y que le gustaría dibujar bien. Y ya no cuenta nada más, a no ser los paseos que le gusta hacer por Mondoñedo.
Después llegaría la guerra, el tiempo pasado en Madrid, el duro regreso a Mondoñedo y una larga etapa viguesa dedicada al periodismo y la literatura.
Con la guerra civil llega un cambio importante en la obra de Cunqueiro. En sus primeros años de escritor Cunqueiro escribe poesía en gallego (Mar ao norde, 1932, Poemas do si e do non, 1933, Cantiga nova que se chama riveira, 1933,…) pero durante la guerra comienza a colaborar en diversos periódicos, con artículos escritos en castellano. A partir de entonces en su obra periodística predominará el castellano y en la obra literaria el gallego, aunque en ninguno de los casos de manera exclusiva.
Y con los artículos periodísticos llega el Cunqueiro interesado en el mundo de los vinos y la gastronomía, que acabaría no solo inundando sus colaboraciones en periódicos y revistas sino también sus novelas, cuentos, relatos y, en definitiva, toda su obra en prosa, mientras la poesía y el teatro se mantuvieron ajenos a sus intereses culinarios.
Nos dejó Cunqueiro una obra inmensa. Treinta años después de su muerte aún siguen apareciendo nuevos libros de recopilación de artículos periodísticos, y siguen muchos otros durmiendo en las hemerotecas aguardando al investigador inquieto.
Trabajador incansable, en aquella autobiografía manuscrita a los 24 años Cunqueiro explicó su método de trabajo:
“Nada puedo decir. Como si la luz hiciese un redondel blanquísimo en la oscuridad. Yo voy entrando en él y poniendo palabras, palabras. Cuando ya me siento yo todo en aquella misma luz, van saliendo otras palabras diferentes, casi un mundo. Este es el poema“.
En la foto (dios sabe a quien se la robamos) Cunqueiro y Josep Pla cojen del brazo a Carmen, la cocinera del restaurante vigués Mosquito. La primera galega en obtener una estrella michelín. Fue en 1980, el mismo año en que lograron la suya Casa Solla y el desaparecido Chocolate, de Vilagarcía de Arousa
En 1971 Álvaro Cunqueiro publicaba en la editorial Galaxia uno de sus libros más conocidos entre los gastrónomos gallegos: A cociña galega. En esta obra el autor de Mondoñedo hace un viaje por todas las cocinas gallegas de la segunda mitad del siglo XX, describiendo los productos y los usos y costumbres de los gallegos en la cocina. Pero no hay recetas tal como aguardan encontrarlas los interesados en reproducirlas, con ingredientes pesados y medidos, tiempos y temperaturas. Cunqueiro cuenta las recetas por el sistema de las abuelas: harina la que coja.
Once años más tarde salió de la imprenta un nuevo libro de título muy parecido, pero en castellano: Cocina gallega, publicado por la editorial Everest. El nuevo libro, que Cunqueiro nunca llegó a ver publicado ya que salió al mercado en 1982, consta de una primera parte literaria, que viene a ser la traducción de la obra publicada en 1971. La segunda parte es un recetario, que firma Araceli Filgueira Iglesias y la tercera un estudio bibliográfico de Antonio Odriozola.
Sobre la segunda parte arrojó luz, en la entrevista de la Cadena SER, su autora, Araceli Filgueira, encargada de la selección de recetas después de recorrer muchas cocinas. Cunqueiro colaboró en la selección, rechazando algunas que no consideraba gallegas, como las que llevaban como ingrediente berenjena.
En la entrevista, Araceli cuenta cómo se gestó el libro y como se vio metida en esa aventura por presión de Antonio Odriozola, amigo de Cunqueiro y de su padre. Lástima que el tiempo en la radio siempre es poco.
Entrevista a Araceli Filgueira Iglesias:
Puede que fuese él uno de los responsables de que yo siempre anduviese metido entre cazuelas, por lo menos en el aspecto escrito de la cuestión. Él, junto con Eugenio Domingo y Acacia Uceta son mis referentes de un estilo de radio que escuché de chaval. Carlos Tena y Adrián Vogel (Para vosotros jóvenes) eran los otros y, miren por donde, el primer día de clase en la facultad de Periodismo de la Complutense el profesor quiso conocernos por nuestros nombres (¡y eso que éramos alrededor de doscientos alumnos!) y después de Vila, Miguel Vila, dijo el nombre de Vogel, Adrián Vogel, que era el que se sentaba a mi derecha.
Pero quería escribir sobre Joaquín Merino. De aquellos años de mediados de la década de los setenta se mezclan en mi cabeza el nombre de un programa de sobremesa (Estudio 15-16) y los de Fernando Rodríguez Madero (puede que fuera el presentador) y los ya dichos Joaquín Merino, que hablaba de gastronomía e historias londinenses, Acacia Uceta (escritora y viajera, que hablaba pues, de viajes, como ahora hacen sus hijos) y Eugenio Domingo, el hermano menos conocido de Xavier, que también contaba sus historias fantásticas y gastronómicas. Puede que todos coincidiesen en el mismo programa o lo hagan solo en mis recuerdos, pero formaban un tándem fenomenal, fastuoso, que diría el admirado Merino.
Twitter acaba de traer la noticia del fallecimiento de Joaquín Merino, que nos deja sin una pluma y una voz básicas en el periodismo gastronómico y de viajes.

El próximo domingo se repetirá un rito gallego del que muchos hablan y no todos conocen: la feria del Capón de Vilalba, a la que concurrirán, como cada año, alrededor de 1.200 animales.
Merece la pena pasar por Vilalba y comprar un capón, pero para eso es necesario saber algunas cosas:
1.- Los capones se presentan por parejas habitualmente, pero se venden por unidades. Aquello de “¿la donde voy yo con dos capones?” no sirve.
2.- Se trata de una feria, así que el precio no es fijo. Si a usted le gusta el trato, trate. Pero no olvide que tiene enfrente a profesionales que todos los años se ven en la misma situación.
3.- Si no le va el trato igual sabe aprovechar las fluctuaciones del mercado. Como en toda feria los precios suben o bajan en función de la oferta y la demanda. Lo complicado es saber cuál es el mejor momento para comprar.
4.- Si le parece caro lo que va a pagar por su capón piense que da de comer a gusto una docena de personas. Calcule cuanto le va a costar otra carne para toda esa gente y verá que el precio está muy asustadito.
5.- Antes de comprar dele un vuelta a toda la feria, pregunte y hable con vendedores y compradores.
6.- Lleve en el bolsillo una bolsa idónea para acoger lo que compre. Esta es una feria, no un supermercado.
7.- Si piensa mandar el capón de regalo debe saber que en la propia feria le venderán una caja de madera adecuada para ese fin. Y que allí mismo podrá expedir el capón por medio de una compañía de transporte urgente refrigerado. Esto es una feria, pero con todas las comodidades.
8.- Si va a llevar el capón para a casa en el maletero del coche no está de más que lleve en el mismo una bolsa térmica o una nevera de camping. Si piensa comrar más de un capón lleve tantas bolsas como animales va a adquirir. Si las olvida (que las olvidará) puede comprarlas en un comercio vilalbés, que estarán todos abiertos.
9.- Si, una vez en casa, desea cocinar el capón siguiendo la receta de Toñi Vicente, relleno de manzanas como le gustaba a Cunqueiro, mire este post de Colineta.
10.- Si prefiere elegir otra receta, compre el libro El capón de Villalba y su cocina.
11.- Se quiere saber algo más sobre lo que escribió Cunqueiro sobre los capones de Vilalba, pique aquí.
12.- Si tiene algo máis que decir al respecto (que lo tendrá) dígalo para que aprendamos todos.

El 22 de diciembre de 1911 a Mondoñedo le tocó el gordo con el nacimiento en la villa de Álvaro Patricio Cunqueiro Mora, un chaval que era espigado, tan alto y delgado que, al parecer, tenía preocupado a su madre y hasta una panadera de la villa le hacía pasar por debajo de las palas de ahornar a ver si le cortaba el crecimiento. No imito a Cunqueiro en la fabulación, que aseguro haber leído en algún lugar esto que cuento.
Cien años después, y tras treinta de su ausencia, el movimiento #ACunqueiro, como lo bautizó Gago, recordará al escritor y gastrónomo echando unos vinos gallegos y unas parrafadas al tiempo que leeremos sus textos.
Por el momento la cita ya está organizada en Santiago y en A Coruña, pero esperamos que haya más.
En Santiago realizaremos una ruta eno-gastro-literaria por las calles y lugares que le fueron queridos a Cunqueiro en una ciudad que admiraba, en la que fue estudiante y en la que se gestaron algunas de sus primeras obras. En A Coruña será una sesión de cata de los vinos que le eran más queridos.
En ambos casos la participación está abierta a todo aquel que desee homenajear a Cunqueiro y se pueden encontrar más detalles en la web oficial. También en Pantagruel Supongo
La cadena de supermercados Gadis incorporó a su oferta de vinos una información que puede resultar muy interesante para el consumidor. Como se puede ver en la foto, identifican los vinos galardonados por Gallaecia. También lo hacen con los galardonados en la Cata de los Vinos de Galicia. Seguro que para los premiados es una buena promoción
Sobre el caso Rúa corrieron mares de tinta (física y electrónica) desde que a comienzos de septiembre un periódico de ámbito estatal descubrió lo que Colineta había publicado a finales de julio y lo llevó a sus páginas.
Seguimos sin saber toda la verdad sobre el caso y probablemente nunca la vamos a saber, pero en los últimos tiempos se dieron dos hechos que llevan a pensar en el asunto.
Esta misma semana Jay Miller, catador para España de The Wine Advocate y responsable de los 90 puntos adjudicados a un vino que hasta entonces se empleaba mayoritariamente para cocinar, dejó la empresa del gurú norteamericano Robert Parker. Oficialmente Miller deja la empresa para defenderse de las acusaciones de índole económica relacionadas con denominado murciagate pero ¿no tendrá algo que ver también el caso Rúa?.
El segundo, y más interesante hecho de los últimos tiempos es la sorprendente reaparición del Rúa en los supermercados gallegos.
A partir de los sorprendentes 90 puntos Parker, el discurso de la cooperativa siempre fue el mismo que se puede leer en el ABC del 12 de julio pasado: los pedidos llegan de todas partes y no hay vino suficiente para atenderlos todos. Las botellas de Rúa blanco desaparecieron de todos los estantes de los supermercados y se ofrecían algunas botellas en tiendas electrónicas a precios por encima de los cinco euros (más gastos de envío).
A finales de octubre, exactamente el día 31, el supermercado Hipercor colocaba en medio de un pasillo las cajas de Rúa que se pueden ver en la fotografía, a un precio sensiblemente superior al que tradicionalmente tenía el vino antes del parkerazo (1,49 euros a botella) pero muy lejos de los más de cinco euros que se llegaron a pagar en verano.
En días sucesivos encontré el Rúa en las estanterías de Froiz y de Gadis al mismo precio de 1,85 euros. El cinco de diciembre Hipercor seguía disponiendo de Rúa, al mismo precio, prácticamente escondido en la última estantería, al nivel del suelo. Tuve que buscar bastante para dar con él.
Las preguntas son inevitables: ¿de dónde sale este Rúa si en verano la bodega aseguraba que no había vino?, ¿se trata de vino de la cosecha 2011?, ¿es posible ponerlo en el mercado a 31 de octubre?, ¿tardaron tan poco tiempo los consumidores parkerizados en darle la espalda al producto?.
Yo ya no sé que pensar.
Post anteriores: Caso Rúa I, Caso Rúa II, Caso Rúa III








